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23/06/2014 - Hablando en perro  

Cuando los perros son nuestra terapia

Ana Calvo y Celia Parra son las creadoras de Soulcan, una entidad destinada íntegramente a la ayuda de las personas a través de los perros de terapia. Ambas viven su labor como educadoras de estos canes altruistas de forma apasionada y como una gran vocación. Actualmente, en Soulcan disponen de siete perros de terapia, dos de ellos aún en prácticas. Para entrenarlos y lograr que se conviertan en unos terapeutas eficaces, cada perro convive junto a una persona que le guía en las sesiones y que se responsabiliza de su formación como terapeuta.

¿Queréis saber más?


Cuando decimos que un perro se dedica a terapia, ¿a qué nos referimos exactamente?

Un perro de terapia es aquel animal que ha sido seleccionado, educado y entrenado de forma específica para formar parte de un programa terapéutico, educativo o de ocio. Estos perros presentan un nivel alto de sociabilidad además de muy buena predisposición para trabajar, aún así deben dedicarse a algo que les guste, ya que es importante que disfruten.

Y, ¿trabajan solos o acompañados?

Los perros de terapia siempre van acompañados de un profesional que vela por la salud del coterapeuta (perro) y controla el manejo del animal durante las sesiones. Además, también forman parte del equipo uno o varios profesionales del ámbito de la salud, educación y ocio dependiendo de los objetivos que se trabajan, que serán los que favorecerán la interacción entre los usuarios y el perro con el fin de alcanzar los objetivos prefijados.

¿A qué tipo de personas ayuda un perro dedicado a la terapia?

El abanico de usuarios es muy amplio. Trabajamos con personas con diversidad funcional, geriatría, atención temprana, trastornos de conducta, problemas de integración sensorial, etc.

Cualquier persona que forme parte de un programa educativo, de ocio o terapéutico puede ser beneficiario de las Intervenciones Asistidas con Animales, ya que lo que hacemos es adaptar todos esos programas de manera que el perro se convierta en el protagonista, aumentando de esta forma la motivación de los participantes.

¿Se puede excluir a alguna persona de la terapia?

Las personas que quedan excluidas de este tipo de intervenciones son aquellas que tienen alergias al animal. También nos encontramos casos de fobias o miedos en los cuales trabajamos antes ese problema con la ayuda de nuestro equipo psicológico con el objetivo de que la persona se incorpore más adelante a nuestros programas.

¿Qué proceso se sigue para educar a un perro de terapia?

Lo más importante es comenzar por una correcta sociabilización. El perro tiene que habituarse a todo tipo de entornos, ruidos, olores, gente… Para que después, en las sesiones, no tenga problemas para trabajar en cualquier lugar. Además de la sociabilización es necesario entrenar con el perro aspectos básicos de obediencia tales como el sentado, tumbado, la llamada o el quieto, fundamentales para tener un perro bien educado que responda correctamente en las sesiones. Para lograrlo, se entrena al can con diversas “herramientas”, como pueden ser el clicker o el luring, entre otras, que también serán la base para enseñar conductas y habilidades nuevas.

¿Qué tipo de habilidades debe tener un perro de terapia?

Algunas habilidades básicas en un perro de terapia son los ‘cobros y porta’, que se basan en lograr que el can coja y lleve objetos de un sitio a otro o de una persona a otra. Otro tipo de habilidad son los ‘targets’, que se dividen en estáticos, cuando el perro toca algo con su hocico o pata; targets dinámicos, cuando el perro sigue tocando con su hocico algo de forma continuada; y los dirigidos, que implican mandar al perro tocar algo en la distancia. Estas habilidades, entre otras, nos servirán de base para incorporar en distintas actividades y enseñar otras nuevas.

Por último, a todo perro  de terapia se le enseñan diversas habilidades que den “juego” en las sesiones y saquen una sonrisa a los participantes, como que den la pata, se tapen los ojos (vergüenza), saluden, etc.

También enseñamos a nuestros perros de terapia, como algo complementario e importante, unos espacios de aprendizaje que favorecen que se relajen, concentren o activen. Además, utilizamos diversas medidas para lograr que liberen estrés durante y tras las sesiones, como puede ser mediante “juegos de olfato”.

¿Se puede enseñar todo esto a un perro adulto?

Antes deben realizarse evaluaciones previas para ver la idoneidad del perro, y en base a los resultados, trabajar aquellos aspectos que puedan mejorarse de cara a su incorporación como perro de terapia. También puede quedar descartado si presenta ciertos ítems incompatibles con un perro de terapia, como puede ser agresividad.

¿Existen razas más proclives para ser educadas de cara a esta actividad?

Un perro de terapia no tiene porqué ser de una raza concreta, pues dependerá del temperamento y carácter que tenga. Si es cierto que hay razas o cruces de ellas más predispuestas, debido a que tienen un carácter afable y les gusta más el contacto con la gente o tienen más predisposición al trabajo y al aprendizaje. Pero hay mestizos que cumplen con todos estos “requisitos” y más.

Por otro lado, si es cierto que también influyen las características físicas del animal, ya que los perros de orejas hacia arriba, colores oscuros y rasgos faciales más rudos pueden generar más aversión que los que presentan las orejas caídas, colores claros y una cara tierna; ya sean de raza o mestizos.

¿Qué es lo más difícil de enseñar a los perros de terapia?

Depende del perro. Hay perros con más facilidad para aprender y otros que necesitan más tiempo. Pero si tenemos que elegir algo, diríamos que lo más difícil es que aprendan la diferencia entre estar trabajando y no estarlo. Que sepan cuándo tienen que estar centrados y trabajar y cuándo pueden jugar con otros perros.

¿Qué actitudes y aptitudes debe tener un educador canino orientado a formar perros de terapia?

Lo más importante para nosotras es que le gusten los animales, en especial los perros, le guste trabajar con ellos y se preocupe por su bienestar físico, mental y emocional. Hay que ser paciente, cariñoso, motivador y constante, ya que es muy importante el vínculo que se crea entre el guía o educador y el perro.

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