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02/08/2016 - Amo a mi perro  

Las vacaciones perfectas

Soy sensible, igual que todos, y cuando comienza el verano me pasa lo mismo. Existen recuerdos más intensos que otros que dejan huellas imborrables.  Como cuando mi dueño coge el collar de paseo y me imagino todo lo que vendrá en esa salida a la calle, o cuando disfruto en un parque repleto de plantas y arbustos cada una con un olor diferente. La memoria es mi manual de emociones.

Por eso, mientras me preparo para unas vacaciones intensas me gusta acordarme de la anteriores. Pero no de una cualquiera, sino de esa que sigue clavada en mi memoria, esa con la que siempre sueño cuando los días están nublados. Las vacaciones perfectas. 

Era mi primera gran salida familiar. Mi dueño y yo juntos todo el día. Fuera trabajo, rutinas y cansancio. Ahora teníamos todo el tiempo del mundo para disfrutar, descubrir y reír. Llegamos a la playa con toda la ilusión. Arena, mar, libertad… ¿Qué más puede pedir un perro? ¡Una pelota! ¡Sí! Mi dueño tiraba la pelota y yo corría como si no existiese un mañana. Me encantaba saltar las olas de la orilla como si fueran montañas, sentía como mi pies chapotean en la arena húmeda. Yendo y viniendo las horas pasaban hasta que de pronto, la vi por primera vez. 

¡Guau, qué presencia! Blanca de pelaje, tronco elegante y cuello sofisticado, rezumaba pedigrí.  Me acerqué a buscar la bola que había quedado al lado de ella y quedé hipnotizado. La miré y apenas movió la trufa. Caminó con gracia, como trotando, hacia la orilla. La seguí con la pelota en la boca pero me di cuenta que no era el método adecuado. Necesitaba inspiración. En el horizonte asomaban unas nubes perrunas y encontré la solución.

Le susurré que los cirros podían formar un telón de bosques paradisíacos. Que dos inesperados cúmulos dibujaban a dos perros paseando juntos contra el azul del cielo. O que en esas otras nubes la pareja jugaba a dar saltos, y que en la de más allá,  contra el horizonte, él se acercaba a ella y ella no le rechazaba. Y justo cuando iba a susurrarle mis ladridos más suaves… ¡Plash! Se abrió la puerta y desperté de mi recuerdo. Era mi dueño que por fin llegaba a casa. No había ni mar, ni pelaje blanco.

Pero mi dueño, que es sensible como yo, se dio cuenta. Se agachó, me acarició y me dijo: ¡Comienzan las vacaciones, nos vamos a la playa! Me volvió la vida al cuerpo. Ambos saltamos de alegría como si buscáramos tocar el cielo. ¡No puedo estar más feliz! 

Tu perro está deseando vivir unas vacaciones contigo. Más tiempo para compartir juntos, nuevas experiencias y por qué no, quizá conozca a la perrita de sus sueños. ¡Tu perro y tú os merecéis unas vacaciones perfectas! 

Recuerda proteger a tu perro de la leishmaniosis con Advantix®, porque su amor no tiene precio.

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Tag:
   perro   Perros   Leishmaniosis  
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