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28/05/2015 - Historias de perros  

Tossa, la historia de una perra abandonada que sufre leishmaniosis

“Hace algunas semanas recogimos una perrita que vagaba abandonada por el barrio. Algunos vecinos habían tratado de atraparla, pero tenía tanto miedo que no se dejaba acercar a pesar de  que le ofrecían comida y cobijo. Con el paso de las semanas, la perra fue perdiendo peso y se fue debilitando poco a poco. Llegó el momento en que sus fuerzas se agotaron y no pudo huir más, no pudo ni siquiera caminar. Se había quedado derrotada entre una barrizal esperando, seguramente, la muerte.

Cuando, de tan débil, por fin la pudimos coger, no podíamos creer lo que veían nuestros ojos. Ella estaba en los huesos, ni siquiera se movía y nos costaba creer que todavía estuviera viva. Tan lamentable era su estado que pensamos que no habría opciones para ella en una protectora, ya de por sí saturada, así que tratamos de remontar ese enorme bache en nuestra clínica antes de buscarle un lugar donde poder recuperarse.

Así fue como empezó nuestra relación con Tossa: la primera semana la pasó ingresada, la rehidratamos, le dimos de comer, le limpiamos las heridas y la ayudamos todos los días a hacer sus necesidades, siempre tumbada, con tan poca fuerza que no se tenía en pie.

Poco a poco sus ganas de vivir empezaron a ganar a sus miedos y entendió que podía relajarse con nosotros. Comía con ganas todo lo que le ofrecíamos, no protestaba nunca cuando la aseábamos o le limpiábamos las heridas e intentaba levantarse a saludarnos siempre que nos veía llegar cargados de esperanzas y medicamentos.

Tras algunos días en la clínica su mejoría era evidente: había ganado peso, sus heridas empezaban a sanar y se levantaba sola e ¡incluso podía dar algunos pasos! Sin embargo había algo en la lentitud de su recuperación que nos hizo pensar que algo más andaba mal en ella.

Realizamos un análisis completo de sangre y descubrimos que no solo estaba desnutrida sino que además sufría leishmaniosis. Así comprendimos por qué sus uñas eran larguísimas, por qué tenía los ojos cubiertos de secreciones, por qué le faltaba pelo en muchas partes del cuerpo, por qué estaba tan y tan delgada…

Afortunadamente los resultados del análisis indicaban que sus órganos vitales no estaban afectados, por lo que las esperanzas de recuperación parecían mayores.

Empezamos en seguida la terapia frente la leishmaniosis: todas las mañanas y todas las noches, Tossa recibía sus inyecciones y sus pastillas sin protestar.

Los primeros días fueron duros para todos: Tossa no respondió bien a la medicación y su estado de salud empeoró presentando más debilidad e incluso llegando a sufrir parálisis de sus patas traseras. Tuvimos que repetir los análisis y ajustar su medicación hasta que, poco a poco, se puso de nuevo en pie y reanudó su rápida recuperación.

Hoy llevamos 30 días de tratamiento y el cambio es espectacular, por lo que nuestra ilusión parece tomar forma: ¡¡Tossa va camino de una nueva vida!!

Esperemos que la evolución de Tossa siga este camino y, una vez recuperada, podamos encontrarle una familia que la quiera tanto como ella quiere vivir”.

Úrsula Vilamajó

Veterinaria

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